La mayoría de las personas mastican sus deseos y rumian sus fallos hasta que se acerca el fin de año. En ese mismo instante parece que les da un corte de digestión o un cólico nefrítico y, deshidratados, necesitan vomitar todos su propósitos para el siguiente ejercicio que dará comienzo. Juran que aprenderán un nuevo idioma (o varios), que harán ejercicio para estar en forma 4 días por semana, para lucir palmito, y que dejarán los vicios o malos hábitos para llevar una vida más sana. Pero casi nadie los termina cumpliendo. Será que cuando nos prometemos algo le hablamos más al calendario que al tiempo.
Por eso quiero proponeros un plan maestro para corazones en edad de crecimiento: que hablemos con esa caricatura nuestra que tenemos por dentro, entre la voluntad y el remordimiento, y le hagamos prometer que pedirá la factura, pagará sus pufos y hará borrón y cuenta nueva; que no pasará de página ni de hoja, sino que cerrará el libro y lo utilizará para calzar la pata coja de la silla, amueblando su mente; que hará servicios sociales como contar estrellas, atrapar sueños o hacer camino; que guardará los 'y si', los 'pero' y los 'ojalá' en la maleta de la ropa de invierno y sacará los 'todavía' y todos esos 'menos mal' con la ropa de entretiempo; que si mira al futuro será con las gafas de cerca y se repetirá una y otra vez que el pasado sólo es un gran recuerdo o una buena experiencia.
Hoy es 0. Hoy es el día de la madre, del padre. Hoy llegaron los Reyes Magos, se celebró San Valentín y se lloró el entierro de la sardina.
Hoy todo comienza.
Feliz vida nueva.
David Martínez Álvarez